La música es uno de los grandes dones de Dios y cumple un papel importante en el crecimiento cristiano, la adoración y la proclamación del evangelio. Por eso, quienes participan en la vida musical de la iglesia son llamados a comprender su labor como un verdadero ministerio.
Motivar a músicos, directores, coros y equipos de adoración a desarrollar un sentido de ministerio mediante la oración, el estudio y el diálogo, contribuyendo a la edificación de la iglesia y a la salvación de las personas.
Toda música que se escuche, interprete o componga debe glorificar a Dios. Las decisiones musicales deben hacerse con entendimiento, responsabilidad y fidelidad a los principios de la Palabra de Dios.
Orientar la selección y producción musical para que apoye la adoración, fortalezca la fe, comunique esperanza y sirva a la misión de la iglesia.