Las Sagradas Escrituras
La Biblia, inspirada por Dios, revela su voluntad y es la norma autorizada de fe, carácter y práctica.
Los adventistas del séptimo día aceptamos la Biblia como nuestra única norma de fe y práctica. Las 28 Creencias Fundamentales se organizan en seis grandes áreas doctrinales: Dios, la humanidad, la salvación, la Iglesia, la vida cristiana y los acontecimientos finales.
No reemplazan las Escrituras ni funcionan como un credo cerrado: expresan una fe mundial centrada en Dios, la salvación en Jesucristo, la vida guiada por el Espíritu y la esperanza de su regreso.
La Biblia, inspirada por Dios, revela su voluntad y es la norma autorizada de fe, carácter y práctica.
Un solo Dios —Padre, Hijo y Espíritu Santo— existe eternamente en una unidad de amor.
El Padre eterno es Creador, Sustentador y Soberano; justo, santo, misericordioso y fiel.
Jesucristo es Dios eterno hecho humano: creador, revelador, salvador, vencedor de la muerte y Señor que volverá.
El Espíritu inspiró las Escrituras, actuó en la creación y hace presente a Cristo al convencer, renovar y capacitar.
Dios creó el universo y, en seis días, la vida en la Tierra; el sábado conserva la memoria de esa obra.
El ser humano fue creado a imagen de Dios, con libertad y unidad integral, pero el pecado dañó esa condición.
Toda la humanidad participa en el conflicto entre Cristo y Satanás acerca del carácter, la ley y la soberanía de Dios.
La vida perfecta, muerte sustitutiva y resurrección de Jesús son el único medio provisto para reconciliarnos con Dios.
Por gracia recibimos mediante la fe el arrepentimiento, el perdón, la adopción y una vida nueva en Cristo.
La victoria de Jesús nos libera de los poderes del mal y nos llama a crecer diariamente mediante la oración, la Palabra y el servicio.
La Iglesia es la comunidad de creyentes que confiesa a Jesús como Señor y se reúne para adorar, aprender, servir y proclamar.
En el tiempo final, un remanente anuncia el juicio, la salvación en Cristo y la cercanía de su regreso.
En Cristo desaparecen las barreras de raza, cultura, educación, nacionalidad, género y condición social.
La inmersión pública expresa fe en la muerte y resurrección de Cristo, perdón y entrada a su comunidad.
El pan y el fruto de la vid recuerdan el sacrificio de Jesús, renuevan la comunión y anuncian su regreso.
El Espíritu concede dones a todos los miembros para edificar la Iglesia y cumplir su misión de amor.
El don profético se manifestó en el ministerio de Elena G. de White, sin sustituir la autoridad suprema de la Biblia.
Los Diez Mandamientos expresan principios permanentes de amor y muestran nuestra necesidad de la gracia salvadora.
El séptimo día es tiempo de descanso, adoración, servicio y celebración de la creación y la redención.
Reconocemos que Dios es dueño de todo al administrar responsablemente tiempo, capacidades, cuerpo, recursos e influencia.
Somos llamados a pensar, sentir y actuar de acuerdo con principios bíblicos que honren a Dios integralmente.
Dios estableció el matrimonio y llama a las familias a crecer en amor, fidelidad, respeto y formación espiritual.
Cristo ministra como Sumo Sacerdote y aplica los beneficios de su sacrificio en favor de la humanidad.
El regreso de Jesús será literal, personal, visible, mundial y glorioso; es la esperanza bienaventurada de la Iglesia.
La muerte es un estado inconsciente hasta que Cristo resucite a quienes confiaron en él.
Durante el milenio los redimidos estarán con Cristo; al final, el mal será eliminado definitivamente.
Dios hará nuevas todas las cosas y habitará para siempre con su pueblo en un mundo sin sufrimiento ni muerte.
Estas descripciones son una guía breve. Para comprender cada doctrina, sus textos bíblicos y su formulación denominacional, consulta la publicación oficial.